Sobre mí
Del movimiento a la presencia
Mi base profesional comenzó en el mundo del fitness, donde durante años impartí clases de Body Pump. Como monitora, disfrutaba de la fuerza y el ritmo, pero siempre sentía una curiosidad magnética hacia el yoga.
En aquellos estiramientos finales, intentaba introducir pinceladas de esta disciplina, pero lo hacía con una mezcla de fascinación y un profundo respeto; para mí, el yoga era una técnica tan precisa y sagrada que sentía que aún no era mi momento.
En esta etapa el entrenamiento físico convivió con mi desarrollo en la comunicación y la pedagogía como Maestra de Audición y Lenguaje. Esta vocación me dotó de una sensibilidad especial para entender que cada persona tiene su propio canal de aprendizaje y que la instrucción, al igual que el movimiento, debe ser precisa, adaptada y consciente.
Sin embargo, el yoga supo esperar su turno. Fue durante mi primer embarazo cuando la práctica se presentó plenamente en mi vida, ya no como una técnica externa, sino como una necesidad interna. Fue mi refugio y mi gran maestro: me enseñó a cuidarme desde la escucha, a silenciar el ruido externo y a entender los procesos del cuerpo con una sensibilidad nueva.
Esa sutil entrada en mi vida se convirtió en un compromiso permanente. Hoy, el yoga me acompaña en cada etapa y proceso, y es esa misma capacidad de escucha y respeto la que traslado a mis clases.
Tras este despertar, el Pilates llegó a mi vida para aportar una mayor conciencia sobre el control central y la precisión técnica, convirtiéndose en el aliado perfecto para entender la estructura y el sostén de cada postura.
Hoy, mi enseñanza une la experiencia en el dinamismo, la precisión del Pilates y la profundidad que el yoga me ha regalado, ofreciendo una práctica equilibrada, segura y consciente para entender que cada cuerpo tiene su propio ritmo y cada proceso, su propia medicina.